Mezquita del Cristo de la Luz

La mezquita y Jardines conocidos como del Cristo de la Luz, se encuentran sobre una  vaguada que ha ejercido de vía natural de acceso a las zonas más elevadas de la ciudad de Toledo. La cercana puerta de Valmardon (Bab-al-Mardum), en el sector septentrional del Casco Histórico, ha sido testigo a lo largo de los siglos de la evolución urbanística de esta zona.
La historia del Cristo de la Luz es bien conocida por todos. El conjunto edificado que se conserva en la actualidad es el resultado de la reutilización en época medieval de una mezquita como parte de la nave de una iglesia. El edificio islámico es el más conocido tras su restauración a principios del siglo XX. De planta cuadrada, posee nueve bóvedas ordenadas en tres naves paralelas distribuidas por cuatro columnas. En el lado sureste se localiza el muro de qibla, aunque esta fachada junto con la oriental han sido severamente alteradas tras la construcción de la iglesia y, posteriormente, tras la restauración de 1909. Las otras dos fachadas, orientadas al norte y oeste respectivamente, son de corte monumental y se encuentran ricamente decoradas.
El edificio sería en origen exento. Por la inscripción que se conserva en la fachada occidental sabemos que la construcción data del año trescientos noventa (13 diciembre de 999/ 11 de enero de 1000), siendo el promotor de la obra - Ahmad Ibn Hadidi -, y el arquitecto, - Musa Ibn Alí (aunque esta traducción ha sido ampliamente cuestionada).
Tras la toma pactada de Toledo por Alfonso VI en el año 1085, comienza la etapa cristiana del edificio. Por las fuentes históricas sabemos que en 1186, el rey Alfonso VIII, a través del Arzobispo  de Toledo, Gonzalo Pérez, cedió el edificio a la Orden de los Hospitalarios de San Juan, bajo la advocación de la Santa Cruz.
Durante la excavación arqueológica previa a las intervenciones de rehabilitación se produjo el descubrimiento en la explanada norte del Cristo de la Luz de una vía monumental romana formada por grandes losas de granito. Esta vía discurriría en dirección norte a sur atravesando parte de la planta de la Mezquita. Esta vía, única en Toledo de estas características y una de las más importantes de las descubiertas en España, posee una anchura de cinco metros y, bajo ella, en su eje central, discurre una cloaca. Dicha cloaca es continuación de la de Valmardón, siendo su fábrica de opus caementicium, salvo en la cubierta, que utiliza las losas de la vía, siendo por tanto plana.
El Consorcio de Toledo, dentro del Programa de Patrimonio Monumental, decidió abordar la rehabilitación  de este importante monumento en enero del año 2006. El Proyecto y la dirección de las obras  fueron encargadas al arquitecto Francisco Jurado.
Dado que el subsuelo del edificio representaba el problema más grave, por el efecto que el agua provocaba en sus cimientos (recordemos las humedades crónicas que se percibían en el solado del interior de la mezquita), gran parte de los medios económicos se destinaron a los trabajos de arqueología, que fueron dirigidos por los arqueólogos Arturo Ruiz y Raúl Arribas.
Sabiendo que la cloaca romana, que se aprecia extramuros debajo de la puerta de Bab al-Mardum, pasaba por debajo del edificio, se pretendía, ya desde el proyecto, desviar a ella toda el agua que afectaba a las fundaciones de la mezquita.
Buscando esta cloaca apareció, en enero de 2007, el impresionante pavimento romano de la calle asociada a la misma, calle que, efectivamente, pasa por debajo de la mezquita. La cloaca se ha excavado, restaurado y puesto en servicio hasta su salida extramuros, casi 50 metros de restos romanos de la etapa alto-imperial (siglo I d.C.) que hoy pueden ser contemplados.
En lo que respecta al propio edificio de la mezquita, por el exterior se han restaurado sus fachadas así como la inscripción fundacional y, en su interior, se ha intervenido únicamente en la zona islámica, restañado fisuras y agrietamientos, donde se ha procedido a una limpieza y consolidación de los revestimientos de yeso de modo que, los paramentos que hoy se perciben, son los originales del siglo X.
En lo que se refiere a subsuelo del interior, se ha llegado hasta el terreno natural mediante excavaciones arqueológicas, recuperándose los niveles originales más bajos del pavimento y dejando bóvedas ventiladas que permiten una completa aireación en contra de las peligrosas humedades.
Bajo el ábside se han descubierto unas interesantes estructuras excavadas en la roca, presumiblemente de la etapa romana paleocristiana (s. III d.C.), que se han dejado a la vista con un cerramiento de vidrio, acorde con la significación cristiana de este ábside del s. XII.     
Finalmente, el encaje de todos los restos y estructuras que se dejan a la vista  y la mejora de los accesos al conjunto, propició en su momento la construcción de una pequeña edificación de cristal que ha resuelto la contención de tierras del jardín y funciona como pequeño centro de interpretación del conjunto.

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