Toledo y su Artesanía

Son muchas las tiendas de recuerdos y artículos típicos de la ciudad. Sin embargo, de todas ellas destacan las especializadas en el trabajo artesano ancestral que da renombre a Toledo en todo el mundo desde hace cientos de años como son el damasquinado y la espadería, sobre todo, y en menor medida, la cerámica, el forjado o la madera.

La tradición del arte del acero toledano ha sido siempre legendaria. Las mejores espadas de los siglos XVI y XVII eran de Toledo, a cuyo río, el Tajo, se le atribuían propiedades casi milagrosas para darle calidad a sus hojas.

El trabajo en el metal sigue siendo artesano en muchos casos y en la capital castellano-manchega podrá llevarse como recuerdo reproducciones históricas de algunas de las espadas más famosas. Son numerosas y de gran calidad las tiendas que hay en la ciudad especializadas en este preciado objeto para el turista, surtidas gracias a los importantes fabricantes que hay en la ciudad.

Otra de las artes tradicionales que se unen al nombre de Toledo es el damasquinado, una técnica que consiste en dibujos de formas en metales o dibujos incrustando hilos dorados o plata hacia dentro.

Su belleza da como resultado un arte que se ha convertido, junto a la de las armas blancas, en una seña identificativa de la ciudad de Toledo durante toda su historia.

Desde Toledo, los damasquinos se venden en muchos lugares de España como souvenir, pero en nuestra ciudad puede incluso ver cómo se sigue trabajando artesanalmente en algunos talleres donde se realizan piezas de damasquino de gran calidad.

Damasquinado

Esta clase de ornamentación, aplicable a toda clase de objetos artísticos, incrustando labores de oro o plata en un metal más común, como el hierro pavonado, el acero o el cobre, se practicó desde muy antiguo entre los egipcios, los griegos y los romanos. Adquirió gran desarrollo en Oriente desde que el Imperio Romano se trasladó a Bizancio, siendo originarias de Damasco, las mejores piezas que llegaban de Europa, por lo que este arte tomó el nombre de Damasquinado, aunque más propio es el de "Ataujía" con el que también se designó. Por todo el mundo se imitaron las labores del damasquinado. A este resurgimiento de un arte olvidado en Occidente, contribuyó en primer lugar el lujo desplegado en las armaduras en toda Europa desde finales del siglo XV: suntuosos arneses de Carlos I y Felipe II.

Según fueron evolucionando las armas de fuego, el damasquinado perdió importancia, quedando reducido a un accesorio de la orfebrería y la joyería.

Toledo es en la actualidad el mayor foco de producción de damasquinado del mundo, y donde se ejecutan la mayor diversidad de piezas. Se siguen realizando labores de estilo Mudéjar, Renacimiento y algunas nuevas como las denominadas "vistas".

El damasquinado toledano auténtico, fundamenta su prestigio en una técnica artesanal muy depurada. Sin duda es la "estrella" de sector del Metal y una fuente de riqueza para la Artesanía Toledana y Castellano-Manchega.

Espadería

A la hora de identificar Toledo con una de sus artesanías esa es, sin duda, la forja de metales. Y dentro de la forja, el arte de la espadería es el más conocido desde hace siglos. El acero de Toledo ha sido uno de los más prestigiosos del mundo desde la época visigoda (s. VI), sobre todo por su flexibilidad, ideal para la práctica de la esgrima.

El espadero tenía fórmulas especiales como recitar ciertas oraciones o canturrear ciertas canciones alusivas al acto, para medir el tiempo que duraba la inmersión de las hojas en el agua para templarlas. Cada espadero tenía sus marcas.

El predominio de las armas de fuego a partir del siglo XVII inicia la decadencia de esta vieja artesanía. En 1761, consciente de esto, Carlos III decide crear en Toledo la llamada "Fábrica de las Espadas". Desde un principio, la Fábrica de Armas pasó a depender del Real Cuerpo de Artillería, marcándose las hojas con la inscripción "Fábrica Artillería-Toledo".

Lo que distingue a las espadas fabricadas en Toledo, es que sus hojas no son de acero puro, sino que están formadas por un núcleo interior de hierro, envuelto completamente en acero. Con este procedimiento, lo que se logra es dar al acero además de su elasticidad y dureza, la ductilidad que posee el hierro.

Uno de los factores fundamentales en la calidad de una espada, además de haber tenido una buena forja, radica en su "temple", éste se consigue dando a la hoja una calda rojo-cereza y sumergiéndola en agua. Antes de dar por buena una hoja, se la somete a un gran número de pruebas: la de la muletilla, la del plomo, la de la "S".

Las armas de lujo, además de las marcas del espadero o la fábrica, son ornamentadas utilizando diversos sistemas: damasquinado, dorados o plateados a fuego, nielados y grabados. La técnica más antigua es el nielado.

Aparte de la hoja, lo que caracteriza a una espada son las monturas con las que se rematan, así como las vainas y las empuñaduras.

En los distintos talleres de Toledo se pueden apreciar magníficas reproducciones de espadas o sables tan famosos como los de: Alfonso VI, Boabdil, El Cid, Napoleón, Rey Arturo, Carlos V, que en la actualidad tienen una gran aceptación en el mercado internacional.

Pese a haber cesado la actividad espadera en la Fábrica de Armas, los talleres toledanos siguen produciendo sables para los ejércitos españoles y algunos extranjeros.

Cerámica

La tradición cerámica de la ciudad de Toledo se remonta al siglo XI.

Se trataba de una loza muy gustosamente decorada con reflejos metálicos. Bajo los auspicios del rey taifa Al-Mamoun se realizaron piezas de cerámica de innegable belleza.

Eran muy abundantes las jarras, candiles, fuentes, cántaros, botellas de cuerpo esférico y cuello alto. La decoración se efectuaba a base de vidrio coloreado por óxido de hierro, de cobre, de manganeso, etc. así como las singulares decoraciones a la "cuerda seca".

El gran ceramista e investigador D. José Aguado mantiene la teoría que los alfareros de los talleres de Medina Azahara y Elvira, después de la destrucción de estas ciudades, se trasladaron a la Corte Toledana y en esta siguieron fabricando "vajilla de lujo".

Son muchos los edificios y los espacios al aire libre de la ciudad que cuentan con este tipo de azulejeria o cerámica y que se pueden apreciar en las visitas.

Madera

El mueble característico de Toledo y presente en muchas casas antiguas es el BARGUEÑO, aunque también tienen importancia los taquillones de uno o varios cuerpos decorados, arquerías. Bancos, sillones fraileros, sillas, mesas y puertas completan la producción.

El bargueño, cuyo nombre sitúa su origen en la localidad vecina de Bargas para unos y para otros en un carpintero llamado Vargas, se produce desde el siglo XVI hasta la actualidad.

Lo esencial de este mueble es su carácter transportable, pues la mayoría tienen en sus laterales unas asas para tal fin; así como la ausencia casi total en el exterior de motivos decorativos, limitándose a una ligera decoración a base de herrajes forjados y calados. Contrastando con el exterior, la parte interior aparece profusamente decorada con vidrios, incrustaciones de hueso, marfil o carey.

También conocida es la silla toledana que se ha venido fabricando con un asiento confeccionado de anea (una planta que crece en sitios pantanosos y que puede alcanzar hasta dos metros y medio de altura). Su hoja es la materia prima usada por los artesanos.

Talla
Es una técnica decorativa muy utilizada en la ebanistería. Las maderas que se tallan deben de ser de muy buena calidad, estar perfectamente secas y sanas, siendo las más utilizadas, el nogal, pino rojo, abedul, roble, olivo, boj. Además de en Toledo capital hay un buen número de talleres en otros pueblos de su provincia como Escalonilla, Lagartera, Polán o Ventas con Peña Aguilera.

Forjados

Otra de las artes que tienen bastante presencia en la ciudad de Toledo es el forjado y la hojalatería. Verjas históricas como la de la estación de ferrocarril, los enrejados de puertas y balcones de las casas del Casco o los tradicionales faroles del Corpus Christi así lo atestiguan.

También se trabaja en algunos talleres aún con la hojalata utilizando la técnica del doblado, recortado, oradado y cincelado que dan como resultado faroles, candelabros decorativos, marcos de espejos.

En épocas anteriores, la mayor parte de la producción eran útiles de cocina o de comercio: aceiteras, candiles, lecheras...

Las modas y cambios sociales han ejercido una gran influencia sobre este oficio. Actualmente, se sigue una producción en una línea "decorativo-turística", cuyo resultado ha sido el nacimiento de una serie de objetos destinados al mundo de la decoración, procediendo en muchos casos a pintar con colores brillantes sus trabajos, obtienen piezas muy ornamentales y abarrocadas de gran vistosidad por la saturación de los colores empleados y la variedad de formas geométricas.

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