Cobertizos y Callejones

Cobertizo de Santo Domingo el Real

Uno de los cobertizos más importantes y largos de la ciudad. Se trata de una vía pública cubierta debido a que sobre él se comunican entre diferentes edificios los conventos de la zona. A través de los siglos las donaciones de casas contiguas obligaron a los conventos a construir pasos de comunicación por encima del nivel de las calles. Su visita por la noche, con la luz ténue y el cobertizo en forma de túnel, es un atractivo muy especial para una ruta nocturna sobre Toledo.

 

Cobertizo de San Pedro Mártir

Otro de los cobertizos más conocidos de la ciudad, dentro del edificio del Convento de San Pedro Mártir, que actualmente acoge en su interior la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo.

 

Arquillo del Judío

Al final de la calle del Ángel, junto a la Escuela de Artes y el Monasterio de San Juan de los Reyes, se halla una reconstrucción de lo que fue entonces un antiguo arquillo judío que unía el barrio de la “Al-Aqaba” –al arrabal más grande de los judíos- con la Judería Mayor. En el año 1391 los cristianos asaltaron y saquearon la judería, después de forzar puertas como ésta que se cerraban de noche.

 

Calle del Locum / Callejón del Diablo

La singularidad de estas estrechas calles y sus cuestas demuestran por qué Toledo no es sólo grandes monumentos y edificios. Detrás del Teatro de Rojas y la Posada de la Hermandad se encuentran numerosos callejones y cuestas angostas de nombre esotérico que van a dar hacia los barrios de San Justo y San Miguel. Recorrerlos por la noche le llevará a pensar en un Toledo oculto y diferente.

 

Calle de Alfileritos

Se llama así porque hace algún tiempo las mujeres iban a pedir novio a la virgen a cambio de depositar un alfiler en su hornacina. Esta estrecha calle comunica con otras conocidas del centro de la ciudad y es una de las más concurridas por los visitantes en busca de patios típicos toledanos y callejuelas entre tanto monumento.

 

Cuesta del Águila

Casi escondida entre las confluencias de la calle Núñez de Arce y de la calle de las Carretas, surge esta cuesta que comunica hacia la céntrica Plaza de Zocodover. Su estrecho recorrido y sus recovecos son un ejemplo de las singularidades arquitectónicas de la ciudad y, cómo no, de las innumerables cuestas que existen en Toledo.

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