Cigarrales

Se da en Toledo una rareza arquitectónica y es que bellos e históricos edificios se entremezclan con los usos y costumbres de la actual ciudad moderna y es habitual que esconda construcciones con siglos de antigüedad que se han incluido poco a poco, recuperado para su intervención en la vida del nuevo milenio.

Un ejemplo de esta circunstancia son Los Cigarrales, cortijos otrora usados como casas de recreo por la burguesía toledana y hoy día reconvertidos en vergeles de paz en las riberas del Tajo, especialmente al sur de la ciudad.

Construcciones de estética rústica, señorial, algunos incluso conventual, se rodean de bellos jardines, terrazas o patios repletos de plantas y flores.

Aquellos que alcanzan mayores extensiones (7.000 m2, cifraba antaño el mínimo exigible para el reconocimiento como Cigarral para una finca), disponen a su alrededor de piscinas, spa y sobre todo amplias extensiones de olivos, albaricoqueros y almendros que al llegar la anual primavera confieren a las casonas un velo de suave terciopelo floral.

Estas históricas mansiones, que se dice reciben su nombre de la afluencia de multitud de cigarras en época estival, han sabido adaptarse a los tiempos dejando atrás la etapa de pequeños palacetes para nobles de Castilla, para convertirse en una opción acogedora con la que disfrutar de la ciudad y la naturaleza colindante desde un punto donde las vistas pueden tanto hacerle perder la cabeza como inspirarle los versos que olvidaron Lorca, Tirso, Garcilaso o Lope.

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