Casa del Judío

La Casa del Judío está situada en el corazón de la judería toledana. Los dos espacios que generan mayor interés en el interior del inmueble son el patio, que conserva multitud de yeserías, y, sobre todo, el sótano, que posiblemente fuera un baño litúrgico judío o miqva, cuya función era la purificación espiritual y preparación para algún suceso importante en la vida de un judío. Durante su restauración se han descubierto en estancias adyacentes enfoscados hidráulicos a la almagra y un aljibem que ayudan a apoyar la teoría sobre su uso. 

Otro elemento de gran relevancia para su estudio arqueológico es una pieza de madera utilizada como dintel de acceso al sótano, donde se puede observar el trabajo de tallado con motivos florales, a base de tímpanos y roleos, acompañando un repertorio epigráfico cuya transcripción dice: “Gracias Te doy, porque me has respondido”; texto relacionado con el versículos 21 del salmo 18: “Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos. 21 gracias Te doy, porque me has respondido, y has sido para mí la salvación”, que da la bienvenida a todos aquellos fieles y puros al interior de la casa. 

En general, la intervención del Consorcio de Toledo ha dejado vislumbrar una vivienda cuyos orígenes se pueden datar en los siglos XIV-XV con reminiscencias mudéjares y posibles usos litúrgicos hebreos, acompañada con adaptaciones y transformaciones en los siglos posteriores, poniéndose un mayor énfasis en el siglo XVIII y XIX. 

La leyenda dice que esta casa perteneció al judío Ishaq, quien prestó dinero a la reina Isabel la Católica a cambio de sus joyas para financiar el viaje en el que se produciría el descubrimiento de América.

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